EL SÍNDROME DE LA NOVELA MEDIEVAL
En su relato corto –muchas veces antologado– Una novela medieval, Mark Twain coloca a su personaje principal en una situación sin salida. Después de muchos enredos, complicaciones y falsas identidades, el personaje se encuentra en tan lastimosa situación que su angustia se traspasa al lector. Está, de hecho, en un momento de non win no lose. Pero por solo unos instantes, pues se le reclama una respuesta inmediata. La respuesta que no puede dar.
El presidente Bush anunció que a inicios de año daría una respuesta a las incontables críticas, análisis, sugerencias que, en poco tiempo, se le han agolpado sobre la conducción de la guerra en Iraq y la mejor forma de salir de aquel enredo. Que anunciaría su nueva política hacia delante (¿hacia dónde iba su política actual?).
La solución de Mark Twain a la complicación de su personaje fue tan drástica como inesperada:
” La verdad es que me puesto a mi héroe (o a mi heroína), en una situación tan complicada, que no veo cómo voy a sacarlo (o sacarla) de ella –y por lo tanto me lavo las manos de todo este negocio, y dejo a esta persona que salga de la mejor manera que encuentre o incluso que se quede como está. Creí que iba a ser fácil resolver esta pequeña dificultad, pero ahora veo las cosas de una manera diferente.”
Con una campaña presidencial iniciada en fecha prematura , el fantasma de la solución a lo Mark Twain podría comenzar a planear sombríamente, como suelen planear los fantasmas, sobre los posibles herederos de George Bush.
El síndrome de la “novela medieval” puede convertirse en un nuevo y temible factor en las especulaciones sobre el futuro de la política exterior de Estados Unidos.