LA TRANQUILIDAD DE LAS BAYONETAS

El júbilo se esparce por las páginas de la prensa estadounidense.  La tranquilidad regresa a Bagdad.  Ya no mueren tantos iraquíes.  La violencia no es lo que era.  Las bajas han disminuido.  Nuevamente, los árboles tratan de oscurecer el bosque espantoso que ha creado la invasión yanqui a Iraq.  En el fondo, creo que las campanas se han echado al vuelo demasiado pronto:  es lo que necesita esta administración y la mala conciencia de todos los que  –digan lo que digan ahora–  apoyaron esta guerra sucia, cuyo fin sigue sin aparecer cercano. 

Pero no se puede olvidar que el verdadero problema no es la violencia, sea una u otra.  La verdadera razón es la agresión inmoral contra un país soberano por una potencia guerrerista, el atizamiento de las contradicciones sectarias, el espacio y la justificación para las acciones terroristas, la destrucción de una cultura, la inexistencia de un auténtico gobierno más allá de las murallas y los cañones de la zona verde.  Las decenas de miles de tumbas de iraquíes inocentes no son el resultado de otra cosa que de la guerra genocida de la administración de George W. Bush.

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