Los árboles y el bosque
Ehud Barak ha dicho que irá en Gaza hasta el final. Es decir, o hasta la eliminación de las posibilidades artilleras de Hamas o hasta la eliminación de su dirección.
Pasando, como es visible, por la masacre indiscriminada de hasta hoy más de 350 palestinos, muchos de ellos civiles,
incluidos, como ya es habitual, niños y mujeres. Mientras los aviones repiten una y otra misión, una importante concen
tración de tropas preludia la invasión por tierra.
Hay quien duda si Hamas debió jugar mejor sus cartas para impedir la agresión. Una vez más, los árboles no dejan ver el verdadero bosque que es la razón principal de esta acción, como de muchas otras. El sur del Líbano, arrasado en el 2006, está allí, en el Líbano, no en Gaza. Las oficinas de Yasser Arafat, sitiadas durante meses, están en Ramallah, lejos de Gaza. Jenin, ciudad mártir, no está en Gaza.
El bosque verdadero es la decisión de los mandos y políticos sionistas de impedir que el pueblo palestino tenga la patria a la que tiene derecho, o mejor, la que le fue escamoteada en 1948. A sangre y fuego entonces, a sangre y fuego hoy.
Con Estados Unidos pasa algo parecido. Ahora, hoy, quedan atrás los árboles que impedían ver el bosque de la complicidad con Israel. Adiós Annapolis, la hoja de ruta, el Cuarteto, la famosa iniciativa democratizadora del Gran Medio Oriente. Condoleezza Rice en el 2006 dilató toda gestión diplomática para que la aviación israelí continuara machacando el sur del Líbano. Ahora la Casa Blanca, en los estertores de esta malhadada administración, atribuye la posibilidad de poner fin a los bombardeos… a Hamas. El bosque verdadero es el real interés de Estados Unidos en la región: de la mano de su necesidad de dominar sus recursos energéticos, el compromiso a veces inexplicable con la hegemonía y la impunidad militar del régimen sionista de Israel.